Continuidad
pedagógica en el Nivel Inicial
o de cómo tejer vínculo con niñes pequeñes a la distancia
o de cómo tejer vínculo con niñes pequeñes a la distancia
Si
bien hoy no estamos de cuerpo presente en las salas, la tarea docente continúa
y frente a este nuevo contexto nos encontramos reinventando las maneras de
tejer vínculo y de ofrecer encuentro.
Con
menos de quince días de clases con les niñes, se interrumpieron los encuentros
en las salas, los abrazos al llegar, los desayunos y meriendas compartidas, los
momentos de patio o arenero, las canciones… Les proponemos un recorrido por
distintas experiencias de continuidad pedagógica en el Nivel Inicial y sus
implicancias para el trabajo docente.
Terminando
la primera quincena del mes de Marzo, se decretó en la Argentina el aislamiento
social obligatorio debido a la pandemia causada por el virus COVID19 que puso
al mundo en emergencia sanitaria. Esta medida incluyó de igual manera a todos
los niveles educativos, y al mismo tiempo que decretó que no habría clases
presenciales propuso la continuidad pedagógica. A partir de esto
se abrieron distintos interrogantes, por un lado un abanico de debates al
respecto de qué es y qué significa la continuidad pedagógica, cómo se
reconfigura el rol docente en modalidad virtual y sobre todo qué
implica para la especificidad del Nivel Inicial.
Esta
suspensión del cotidiano, propuso un gran paréntesis en el primer período del
año del nivel inicial, también llamado “período de inicio” otrora período de
adaptación (siendo este movimiento desde la adaptación de algunes al inicio
para todes ejemplo del inagotable ejercicio de reflexión y modificación de las
prácticas de la Escuela Infantil). Recibir con calidez y respeto atendiendo a
las necesidades familiares e institucionales es el objetivo prioritario. Es en
este momento en el que comenzamos a conocernos: les niñes entre sí, nosotras
con cada une en particular, con el grupo en general y, a su vez, con cada una
de las familias.
El
primer encuentro en la sala, o mejor dicho, los primeros encuentros, son
fundamentales en nuestra tarea ya que tienen como principal objetivo comenzar a
tejer estos vínculos. A través del juego, vamos entendiendo y conociendo,
maestras y niñes, quiénes son las personas con las que vamos a compartir en
nuestro cotidiano, cómo son, qué cosas les gustan y cuáles no, sus nombres, sus
alegrías, sus temores. Y también -y muy fundamentalmente- comenzamos a
construir un tímido nosotres, que con el correr de las semanas crece
y nos lleva a elegir un nombre para la sala/grupo y cuál es el mejor lugar para
colgar las carteleras donde ubicaremos los dibujos, y los juegos y cuentos que
vamos a repetir más de una docena de veces.
Por
lo general, pasada la niñez las personas olvidan el gusto por repetir y les
extraña mucho cuando une niñe pide ver una misma película muchas tardes de su
recién estrenada vida. En el Jardín valoramos esta acción de repetir las veces
que haga falta todo aquello que disfrutamos, nos genera curiosidad o se nos
presenta como un desafío, ya que de este modo empezamos a urdir la trama
donde hacer crecer el tejido de palabras, historias, fantasías, conocimientos y
sentimientos desde la cual nos relacionaremos con el entorno. Sin esta
trama, el mundo se convertiría en un lugar mucho más complejo de habitar, mucho
más si tenemos en cuenta de que por fuera de la Escuela Infantil y sus
propuestas no hay muchos otros lugares que consideren a les niñes al momento de
diseñar su arquitectura, mobiliario, posibilidades de acción y de producción de
subjetividades, que no sean adultocéntricas o que no tiendan a la concepción de
niñe-consumidor .
TEJIENDO
LA URDIMBRE
Esta
manera tan nueva de socializar y compartir que iniciamos hace menos de dos
meses, es un constante descubrir y construir, entendiendo y atendiendo a
la importancia y la urgencia de conservar el espacio que ofrece el Jardín. En
este sentido, resulta interesante regar este hacer con sendos signos de
interrogación: ¿continuidad pedagógica o continuidad vincular? ¿Son
distintas una cosa de la otra en el Nivel Inicial? ¿Puede haber, en la escuela
infantil, enseñanza sin previa construcción de vínculo? ¿Qué tipo de encuentro
ofrecemos cuando está mediado por la virtualidad (en el mejor de los casos), y
cómo se configura el encuentro cuando no hay señal, no hay datos, no hay para
comer?
Con
estas preguntas rondando en la mente y en el cuerpo, es que vamos
construyendo propuestas desde las escuelas. En algunas de ellas, de gestión
privada, la comunicación fluye vía e-mail con las familias y vía Skype, Zoom -o
alguna plataforma parecida- desde la cual es posible verse y escucharse. Tan
acostumbrades al cara a cara y cuerpo a cuerpo, que al principio fue rara
la idea de conectar virtualmente con les niñes. Pero pronto fueron
apareciendo las manifestaciones de aquello: familias que cuentan “el
antes y el después” de la videollamada en el ánimo de les niñes; el fluir de lo
que entre elles cuentan y de lo que se cuentan entre sí a partir de la
propuesta de la maestra; el disfraz o juguete que traen para la ocasión,
evidenciando la espera de aquel momento. En estos pequeños grupos la propuesta
es en definitiva encontrarnos, escucharnos, vernos las caras. Compartir un rato
del cotidiano entre docentes, familias y niñes. Vemos como interesante que esta
modalidad ofrece la posibilidad de la toma de la palabra por parte de
cada niñe, la oportunidad de decir, contar, preguntar. Aparece fuertemente
cómo el juego y el vínculo -como pareja de contenidos- abraza e invita a cada
une a ser parte de ese momento compartido. Podemos ver cómo les niñes a través
de las canciones y propuestas se entusiasman cuando les nombramos y les
ofrecemos algo para que “agarren” o más bien simulen agarrar (“como sí”) de las
pantallas o nos ofrezcan, por ejemplo, comida hecha de masa para un títere, una
cara graciosa para reirnos, nos muestran algún juguete de su casa, tocan un
instrumento musical junto a nosotras mientras cantamos entre todes. Y en estos
espacios también aparecen los miedos, los juegos a que alguien se enferma de
coronavirus, la pregunta por los barbijos… también las angustias por la
prolongación de la virtualidad y la falta de contacto.
En
otros jardines, aquellos que se encuentran en zonas históricamente
vulneradas en sus derechos, la cosa es bien distinta. Los encuentros más
certeros se dan por teléfono y también con aquel miembro de la familia que se
acerca a la Escuela Infantil Pública a buscar el bolsón de alimentos. Ésta es
también una oportunidad para enviarle a les niñes una propuesta que les conecte
con su maestra y su jardín, cuando en el celular no hay datos para descargar un
audio, una imagen, entrar al mail o al padlet donde cada maestra sube las
propuestas. En una sala de cinco años de un Jardín del borde de la CABA,
la entrega en mano de cartas con estampillas y la invitación a hacer el sobre y
las propias estampillas para responder la carta a su “Seño”, es una
iniciativa que además de conectar con la novedad de recibir por vez primera
una, invita a construir un ida y vuelta que es también el origen de muchas
otras acciones: dibujar, preguntarse respecto de cómo se comunicaba la gente
antes, descubrir que el sobre recibido es igual al ícono de SMS que aparece en
la pantalla del celular y escribir, como puedan, lo que quieren contarle a su
maestra. Sin conectividad no es sinónimo de desconexión y el intercambio
epistolar aparece aquí como una propuesta democratizadora en una ciudad marcada
profundamente por la desigualdad y la nula voluntad política de la gestión de
Horacio Rodriguez Larreta por hacer algo al respecto.
También
encontramos espacios educativos donde la red se va tejiendo de una manera súper
artesanal. Escuelas que son gestiones asociadas de entidades privadas y
públicas que no reciben el bolsón de alimentos pero alojan a infancias en
situación de vulnerabilidad social. En este caso las estrategias se
tejen al interior de cada equipo docente y redes barriales asociadas. La
directora de una de estos espacios articula con las cooperadoras de otras
escuelas públicas de la zona y recolecta en su auto donaciones de la comunidad,
“bolsones sobrantes que no han sido entregados”, ropa de abrigo, libros,
espirales, productos de limpieza, etc. Un grupo de familias y docentes auxilia
en esta tarea y cada 15 días: 60 familias de esa institución (población actual
y egresada) retiran su mercaderia gracias a la red. Porque cuando el
estado está ausente, la salida es colectiva. Esos sábados de encuentro con
barbijos y ojos achinados de alegría, maestres y familias comparten ese tiempo
de intercambio amoroso. Algunes llevan también sus juguetes y los intercambian
con otra familia. Una vez que el juguete llega a otra casa está cargado de
historia, de afecto y de comunidad. Así se va tejiendo la ternura y la
posibilidad igualar algunas oportunidades. Esta red de encuentros, también ha
sido nicho de nuevas experiencias colectivas al interior de cada grupo de
familias, niñes y maestra que conforman cada “sala”. En una de las salas, una
vez atendida la demanda urgente de garantizar el alimento para todes,
comenzaron a circular recetas de tortas que preparaba la abuela o que vivían
desde hace mucho en cada familia. La idea de sistematizar la información y
armar un recetario colectivo llegó al poco tiempo. Resolver la urgencia en
conjunto es el inicio de una serie de iniciativas y propuestas que también
permite concentrarse en lo importante: estar cerca y acompañarnos en este
contexto de aislamiento obligatorio.
Sacar
conclusiones definitivas es algo que en estos días de emergencia sanitaria
hemos aprendido a evitar. Pero sí podemos dar cuenta de lo que vamos viendo con
el correr de los días y es que los encuentros virtuales, las propuestas
enviadas en sobres, los juguetes intercambiados, se vislumbra que lo que
seguimos ofreciendo es el espacio para construir vínculo, entendiéndolo
desde una mirada pedagógica. Como dice María Emilia López: el vínculo desde la
ternura y la ternura como portadora de aquellas atribuciones de las funciones
maternante y paternante, como la acción de contener, envolver, organizar,
procesar los sentimientos indiscriminados que a veces agobian a los bebés [y a
los niños pequeños]. La ternura como sostén para atravesar ese espacio de
tiempo y de historia en que el niño inaugura su condición humana. El vínculo
como trama en el que se sostiene la posibilidad de construir su subjetividad.”
En definitiva, la ternura como envoltura que anida las individualidades de
cada une y que nombra y da lugar a cada subjetividad.
Muchas
veces llega a un grupo de whatsapp de la sala una foto de un niño vestido de
guardapolvo y mochila o un video de una niña que juega a que es una compañera
particular mientras sus muñecos sentados en ronda son aquelles que no están en
su casa y ella extraña. A veces una mamá, una mascota o una hermanita bebé es
un padre, madre o abuela y así, jugando, se abraza algo del mundo conocido. El
recuerdo llena de sentido tanta virtualidad cuando un niño de la sala,
varado con su familia en Perú por el cierre de fronteras, mira las noches
despejadas y se acuerda de “La luna está tapada” que cantaba el año pasado en
la escuela.
SEGUIMOS
EDUCANDO
Realmente
entendemos que esta tarea va de la mano con la ternura y el vínculo desde la
ternura, donde en cada intervención intentamos brindar a les niñes escucha,
contención, acompañamiento a pesar de las distancias inevitables.
Lo
hasta aquí recorrido da cuenta, también, de la concepción de infancias desde la
cual nos posicionamos y trabajamos. En esta virtualidad seguimos trabajando
en pos de niñeces autónomas, participativas, creadoras. Y a pesar de no
tener el espacio/tiempo de la sala para construir en clave de autonomía, vemos
en estas propuestas que el foco sigue estando ahí: que puedan contarnos con sus
palabras o sus expresiones sus emociones, sus creaciones, sus sentires, y a
partir de ahí seguir pensando propuestas que les interpelen desde sus deseos,
intereses, miedos, sensaciones… en el intento de aportar herramientas que
les permitan expresar, qué sienten, qué piensan, qué inquietudes les genera
todo esto que está pasando y todo lo que trae aparejada esta pandemia (angustias
familiares, falta de trabajo, aislamiento, distancia de personas queridas,
entre otras).
Vamos
arribando de a poco a algunas orillas que presentan posibles respuestas pero
que, más que nada, multiplican las preguntas que se suman a las que nos trajeron
hasta aquí. La única certeza es que la escuela, a través de sus equipos
docentes y de conducción, está tejiendo redes entre las personas, ofrece un
espacio de encuentro común y propone alternativas y soluciones a problemas
concretos. La escuela continúa garantizando derechos. Las escuelas no son
reemplazables. Les docentes, tampoco.
Nota
de:
Elia de la Guerra
Renata
Crespo
Candela
García Sciaroni
Martina
Senes
(Maestras
del Nivel Inicial en distintas escuelas de CABA)
Diseño:
Martín
Gatti
Florencia Miguel

