Construyendo protagonismo infantil, combatiendo el adultocentrismo:
las voces de las niñeces en cuarentena.
Algunas
preguntas necesarias
¿Qué
pasa con la voz de las niñeces en cuarentena?
“La
pregunta no es ignorancia, sino todo lo contrario: es curiosidad y creatividad,
es ganas de saber más y cuestionar lo que ya sabemos. La pregunta es una
herramienta que nos permite cuestionar el poder y, por lo tanto, potencialmente
un acto de rebeldía. Desde ella partimos para desandarnos y proyectar infancias
más libres…” (Chirimbote,Infancias Libres)
¿Cómo devolver a les niñes la palabra, la participación? ¿Cómo conocerles, escuchar sus ideas, saber de sus miedos, sus preocupaciones, sus propuestas? ¿Cómo restituirles el protagonismo, la voz? ¿Cómo devolverles la capacidad de construir autónomamente identidad social y política?
La
pandemia y la forma de afrontarla, el aislamiento social y obligatorio, afecta
a las niñeces que han vivenciado un cambio abrupto en sus cotidianidades. Han
perdido espacios de socialización, de construcción de lo común, de vinculación
con pares y personas referentes. Han visto transformada sus vidas y esto ha
provocado impactos en sus subjetividades. Sin embargo, poco y nada se les
pregunta; poco y nada se les escucha.
Si
bien la opinión y la participación de les niñes en todas las decisiones y
situaciones que afecten sus vidas está reconocida como un derecho en los marcos
legales internacionales y nacionales de declaración de los derechos de les
niñes y jóvenes, ese derecho no aparece priorizado ni garantizado en las
acciones gubernamentales ni así tampoco en los imaginarios y prácticas
sociales.
Vivimos
en una sociedad adultocéntrica ¿Qué significa eso? Un poco de historia...
El
adultocentrismo es una forma de relación social que implica dominio del mundo
adulto sobre el mundo infantil, dominio que se sostiene a partir de la
construcción y reproducción de estereotipos y representaciones sociales
hegemónicas acerca de “lo adulto” y “lo niño”. Es una relación desigual de
poder que habilita que el mundo de les niñes sea ordenado y moldeado por les
adultes. El adultocentrismo como forma de relación entre personas de diferente
edad acompañó las nuevas necesidades del capitalismo patriarcal en su
configuración de subjetividades y hegemonía, y de constitución de los ámbitos
público y privado para garantizar la reproducción social. La categoría “niñez”
es relativamente nueva en la historia de nuestras sociedades, nace y va tomando
forma con el afianzamiento de la modernidad, proceso no exento de tensiones ni
conflictos en el cual toman cuerpo complejos ensayos por la configuración de
una nueva subjetividad moderna que fuera de la mano y no a contramano de la
forma emergente de reproducción social. En este proceso se va forjando entonces
la categoría “niñe” y en ese movimiento van apareciendo nuevos mandatos sobre
la población infantil, que trajeron aparejadas consecuencias en el ordenamiento
de la vida de les niñes y jóvenes. Aparece gradualmente la idea de infancia
hegemónica (inocente, sin maldad, pura naturaleza, sin responsabilidades, que
sólo juega, inacabada, irracional aún, entre otras características que se le
adjudican). Esta infancia hegemónica respondía por supuesto a un ideal de
clase, el de la burguesía, que intenta imponer un modelo de conducta y práctica
social que arranca a les niñes y jóvenes de la esfera pública, de los espacios
sociales, para recluirles en el ámbito privado, junto a la mujer, y
convertirles en propiedad de sus familias (dentro de estas, de las
personas adultas). El ideal de comportamiento burgués implica la imposición de
mandatos que se traducen en una serie de prácticas coactivas y coercitivas
sobre las niñeces. La escuela moderna y las instituciones de encierro del
capitalismo responden de diferente manera a estas nuevas necesidades de
ordenamiento de lo social. Nacen así espacios propios y obligatorios para la
niñez, y espacios prohibidos (la calle, sinónimo de peligro) y nacen también
los circuitos diferenciados para la niñez pobre y la niñez rica. Cuando los
mandatos del “ser niñe” no son acatados y aparecen prácticas sociales no
normadas, disruptivas, subversivas, entran en escena los mecanismos y
dispositivos de normalización y corrección de lo subversivo, de las formas
subversivas de ser niñe y joven. Por lo general estos mecanismos recayeron
históricamente sobre los sectores pobres de la clase trabajadora, y tomaron
forma en las leyes y las instituciones de minoridad (así nacen los conceptos diferenciados
de “niño” y “menor”). También forman parte de estos mecanismos de normalización
los dispositivos de patologización y medicalización de las infancias.
Esta
brevísima recuperación sobre el nacimiento de la idea moderna de la niñez
intenta servir para tomar dimensión de que no hubo una única forma de ser niñe
a lo largo de la historia de nuestras sociedades, ni mucho menos existe hoy en
día una única forma de transitar esa etapa de la vida en nuestra sociedad de
clases, atrozmente desigual e injusta. Pero sí existen y perduran las
representaciones sociales y los mandatos acerca de los roles y prácticas
“esperables” para les niñes y jóvenes, miradas clasistas y adultocéntricas que
obturan los desarrollos libres, dignos y no estereotipados y profundizan la
desigualdad y el castigo de la niñez pobre (por ejemplo con los intentos de la
baja de edad de punibilidad). Pero volviendo a la idea de niñez hegemónica,
¿qué implicó la reclusión de las niñeces en el ámbito privado, la familia?
Implicó sacarles de los espacios públicos, negarles derechos, e identidad
social y política, adjudicándoles identidades y trayectorias prefiguradas de
antemano, homogéneas, disciplinadas, heterónomas y heteronormadas, al tiempo
que se privatizaban sus vidas.
Santiago Morales y Gabriela Magistris, al referirse al adultocentrismo, afirman que las tensiones y conflictos en esta relación de dominio de “lo adulto” sobre “lo niño” que han emergido a lo largo de la historia se han resuelto por y desde el mundo adulto hegemónico a través de la fuerza física, cuerpos legales, normativas, políticas públicas, dispositivos educativos y discursos autonombrados científicos que reproducen esa relación de dominio.
Un capítulo especial merece el tema de los “derechos de la niñez”, históricamente elaborados y nombrados por adultes, con escasa o nula participación de les niñes y jóvenes. Esto se ve claramente en el caso de los derechos reconocidos en la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Si bien la Convención es una herramienta invalorable y significó un avance histórico para quienes día a día construimos proyectos políticos de transformación social en donde los derechos de las niñeces sean una realidad y no palabras escritas, en este marco legal los derechos de protagonismo y Participación infantil (tener voz propia, ser escuchades, y poder opinar acerca de las decisiones y políticas que atañen a y tienen implicancias en sus vidas) son derechos “testimoniales” e instrumentales, siendo los priorizados los de Promoción y Protección. Los derechos de Participación no tienen por lo general real incidencia en las políticas y prácticas dirigidas a las niñeces y juventudes, salvo excepciones en casos judiciales, que suelen estar teñidas de clasismo y por lo general cuando se trata de niñes pertenecientes a sectores de clase menos vulnerados.
¿Qué
es entonces el co-protagonismo infantil?
Si
bien el concepto de protagonismo infantil arrastra décadas de debate, hoy en
día existe cierto consenso en pensar al co-protagonismo infantil como el derecho
a la expresión propia, la opinión tomada en cuenta, la libre asociación, la
posibilidad de organizarse con otres niñes para debatir y tomar decisiones
colectivas, la participación protagónica y la actoría social. Y que estas
acciones afecten realmente a la sociedad en su conjunto. ¿Por qué se le llama
co-protagonismo? Porque sin adultes que promuevan esas nuevas acciones, pocas
posibilidades tienen las niñeces por sí solas de resistir y combatir esas
relaciones de poder.
Para
nosotres es claro que la invisibilización o incluso el rechazo de la niñez, de
la energía, los intereses, los tiempos y las necesidades de las infancias, la
expulsión de les niñes de los espacios sociales (salvo la escuela y la plaza),
práctica discriminatoria per sé, responde a los imaginarios adultocéntricos con
que el capitalismo ordena y jerarquiza el mundo y construye subjetividad afín
que no cuestione los parámetros hegemónicos de la reproducción social.
Sin embargo, ¿quién negaría que les niñes son sujetes de derecho, capaces de construir su conocimiento y su mirada autónoma acerca del mundo, de tener voz propia y opinar, personas que van construyendo su identidad social y política desde que nacen, de la mano de otres? Así y todo, ¿podríamos decir que es éste el imaginario que guía la organización de las instituciones y los espacios sociales, y la configuración de políticas para que les niñes y jóvenes puedan hacer libre ejercicio de todos sus derechos, y desarrollen formas subjetivas de ser y estar en el mundo libres, protagónicas, no estereotipadas, diversas y plurales? Entendemos que este debate incide en todas las relaciones y los vínculos que construimos con las niñeces en los diferentes ámbitos de sus vidas. ¿Cómo repercute esto en nuestros imaginarios y prácticas como docentes? ¿En qué impactan estas perspectivas acerca de “lo infantil” en nuestros ámbitos cotidianos de pertenencia y quehacer social y político? ¿Qué sería pensar y habilitar espacios de socialización -incluida la escuela- que restituyan derecho al desarrollo y la construcción subjetiva libre, digna, protagónica, emancipada, de identidades sociales y culturales diversas de las niñeces y las juventudes? ¿Es posible pensar en proyectos de transformación social y prácticas prefigurativas transformadoras que no impliquen un fuerte cuestionamiento al adultocentrismo como relación de dominio que atraviesa lo cotidiano, configura políticas y ordena lo social?
Sin embargo, ¿quién negaría que les niñes son sujetes de derecho, capaces de construir su conocimiento y su mirada autónoma acerca del mundo, de tener voz propia y opinar, personas que van construyendo su identidad social y política desde que nacen, de la mano de otres? Así y todo, ¿podríamos decir que es éste el imaginario que guía la organización de las instituciones y los espacios sociales, y la configuración de políticas para que les niñes y jóvenes puedan hacer libre ejercicio de todos sus derechos, y desarrollen formas subjetivas de ser y estar en el mundo libres, protagónicas, no estereotipadas, diversas y plurales? Entendemos que este debate incide en todas las relaciones y los vínculos que construimos con las niñeces en los diferentes ámbitos de sus vidas. ¿Cómo repercute esto en nuestros imaginarios y prácticas como docentes? ¿En qué impactan estas perspectivas acerca de “lo infantil” en nuestros ámbitos cotidianos de pertenencia y quehacer social y político? ¿Qué sería pensar y habilitar espacios de socialización -incluida la escuela- que restituyan derecho al desarrollo y la construcción subjetiva libre, digna, protagónica, emancipada, de identidades sociales y culturales diversas de las niñeces y las juventudes? ¿Es posible pensar en proyectos de transformación social y prácticas prefigurativas transformadoras que no impliquen un fuerte cuestionamiento al adultocentrismo como relación de dominio que atraviesa lo cotidiano, configura políticas y ordena lo social?
Las
preguntas con las que iniciamos este artículo fueron motivadas porque
percibimos una ausencia absoluta de la voz de las niñeces y juventudes en la
coyuntura social y política actual atravesada por la pandemia y el
confinamiento obligatorio decretado por los gobiernos. Esta ausencia de voces y
la gestión de las cuarentenas sin tener en cuenta los derechos de las niñeces
en términos integrales, la invisibilización casi absoluta de este sector de la
población en términos de garantía de todos los derechos nos alerta sobre la
enorme fuerza que arrastra el imaginario adultocentrista y clasista sobre la
sociedad en general. Como docentes, ponemos en tensión nuestros imaginarios y
problematizamos nuestras prácticas pedagógicas -que son prácticas políticas,
siempre lo decimos-, reflexionamos junto a otres e intentamos construir nuevos
saberes que enriquezcan nuestro quehacer educativo para habilitar trayectorias
emancipadoras para las niñeces. No nos cansamos de decir y pelear por todos los
derechos para todes les niñes.
Es
en esta búsqueda también en donde nos encontramos estas semanas con el Proyecto
Filosofar con Niñxs 2020, un espacio promovido por el “Proyecto Filosofar
con Niñxs” desarrollado en Córdoba desde hace más de veinte años. Llevado
adelante por un grupo de profesores, estudiantes y licenciades en Filosofía que
trabaja en forma horizontal, el Proyecto apuesta a indagar colectivamente y
construir saberes en el campo amplio del filosofar con niñes, y la pedagogía de
la pregunta. En este marco es que surgen las “Crónicas de cuarentena.
RELATOS DESDE LAS INFANCIAS”. En su prólogo, aclara: “Este cuadernillo es
una (re)creación construida desde el Proyecto Filosofar con Niñxs, en el marco
del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (comúnmente llamado
"cuarentena") que se decretó en nuestro país el 20 de marzo de 2020 a
raíz de la pandemia de Covid-19. Estamos convencidos/as de que la reflexión
crítica sobre nosotros/as mismos/as y el mundo que nos rodea es siempre
necesaria, y que los/as niños/as tienen que ser sujetos/as activos/as en sus
propias reflexiones. Por eso los/as invitamos a tomar la palabra, a sumergirnos
en la pausa que nos impone este tiempo para pensarnos en el nuevo contexto,
para escuchar lo que sentimos y ponerle palabras a lo que estamos atravesando.
Hay una serie de actividades que pretenden ser disparadoras de reflexiones que
podemos compartir en cada familia con los/as que se sumen a pensarlas. Hacer
algunas de ellas o todas, será ocasión de contribuir a la construcción de una
memoria de este tiempo, que será releída por nuestros/as yo del futuro. Se
autoriza y estimula a que lea, comparta y reproduzca este cuadernillo con el
afán de multiplicar pausas, sentires y reflexiones y construir una red de
memorias. ¡Pero atención! El contenido -no las propuestas- sólo podrá ser leído
bajo la estricta autorización de su niño/a-autor/a.”
Esta
es una de tantas otras experiencias que cuestionan explícita o implícitamente
la forma en la que entendemos a la niñez e interactuamos con ella. Constituyen
un claro ejemplo de participación activa de les niñes, en un proyecto que
invita no sólo poner en el centro de la escena a las niñeces desde el
co-protagonismo, sino también, a valorar la pregunta como forma de aprendizaje,
de reflexión y de intercambio. Tomar las preguntas como disparadores para
pensar, desde las propias inquietudes e interrogantes de les niñes,
problematiza la forma en que en las instituciones se ha desarrollado o
desarrolla la enseñanza-aprendizaje y potencia no sólo la participación y el
protagonismo de las niñeces autónomas sino también la posibilidad de construir
conocimientos más ricos, genuinos y significativos.
Preguntarnos
y problematizarnos acerca del protagonismo de las infancias como sujetes
autónomos y plenos que tienen mucho para decir, nos parece un tarea
indispensable pero también el esbozo de respuestas posibles, materializadas en
experiencias o propuestas concretas que son necesarias para transformar la
concepción de “lo adulto” y “lo niño” y reconstruir los vínculos entre niñes,
jóvenes y adultes. Creemos que es necesario empezar a recuperar estas
experiencias, difundirlas y multiplicarlas para poder abrir un camino o una
proyección hacia una sociedad donde el derecho al desarrollo y la construcción
subjetiva libre, digna, protagónica, emancipada de les niñes y jóvenes sea una
realidad y no una utopía de unes poques.
Podés encontrar más
información sobre el Proyecto “Filosofar con niñxs” en FB: Proyecto Filosofar
con niñxs: https://bit.ly/37Lg8Oy; Googlesite: https://bit.ly/3efNbN2.
Nota
de: María
Eugenia Jeria
colaboración de: Mailén Rossetto Barcala
Diseño: Florencia
Miguel

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